Tortura china



Inhalaba dolor a espuertas, y un inquietante olor a desinfectante industrial. El gélido suelo helado lo calmaba a pesar de los rigores del peor mes de agosto de calor en los últimos treinta años. Aquellos hombres le habían golpeado a conciencia, con sus uniformes negros y sus puños de fuego patrio. Habían ablandado aquel gigantesco saco de mierda humana, la enorme roca... que era su anatomía... hasta fragmentarla en tramos, segmentos masticables casi invisibles. Comestibles, vuelta y vuelta asados a la piedra. Apenas se podía mover del inmenso malestar interno que sentía... como si le atravesara de parte a parte una viga todo su propio ser hecho astillas. Mientras escupía ampollas de sangre a borbotones y podía ver sus brazos amoratados, sonreía con esa mueca de cabrón tan suya pensando en que seguía viviendo; se habían cansado los muy mamones... antes de apalizarle, que el de gritar basta a aquella puta ensalada de hostias.
Tenía clase. a pesar de estar roto. Siempre tuvo el encaje de un jodido borracho, se había caído tantas veces de bruces que había conformado una mandíbula poderosa a prueba de maricas hormonados de gimnasio. Tosía sin poder parar, cada vez con más intensidad en tanto la fiebre se apoderaba de él. Lo único es que se sentía descompuesto por dentro de tanta leche con le habían estado dando. Creo que no quería cagarse encima, era una cuestión de orgullo. Y puede que también de protocolo, siendo el huésped de hijos de perra tan distinguidos. Mastines de pura cepa.
Eh, vociferó... ( a grito pelado) nenazas, ¡ putos!... puedo ir a cagar, y antes de que se diera cuenta alguien le lanzó un maldito orinal de hierro fundido a su cabeza que al impactar directamente en su sesera le hizo desvanecerse. Al despertar estaba en una cómoda cama siendo atendido por una voluptuosa enfermera de facciones duras y caderas generosas, que no paraba de mirarle de soslayo. Fue al ir a bostezar cuando percibió el vendaje y aquel intenso crujir por todas partes. A través de la ventana entraba la luz a raudales. Aquello era un achicharradero. Y entre ello y el zumo de naranja del tiempo que les había sobrado de hacer napalm el asunto era una auténtica tortura china.

... el borracho que habla



Si uno está doctorado en psicología conductista está jodido, y si además mea sentado hay hasta un noventa por ciento de posibilidades de que sea tía, me dijo el tipo aquel tan simpático mientras le daba un trago a su copa de anisete. La verdad es que cuando te sientas en una barra a beber algo nunca sabes que clase de cretino se va a sentar a tu lado ni de que cojones te va a hablar y, bueno... siempre es mejor que te toque en suerte un loco de atar/lo con un cierto bagaje académico-pedagógico, ¡ vamos!... lo que se llama cultura de crucigramas, que un ignorante borracho aunque al final los más borrachos que conozco suelen ser tipos bastante cultos e inteligentes, por encima de la media. ( Y lo dejo, que me estoy liando) Tal vez sea, que esos fulanos tienen, mucho, pero mucho que olvidar... por culpa de una mujer a la nunca se lo podrán agradecer lo bastante. Me refiero, en lo de haberles jodido la vida... ¿ He hablado ya de ello?. ¡ No!. Pues resulta esencial. El Profesor Evaristo Cifuentes, Catedrático en suspensorios y andamiajes pélvicos por la prestigiosísima Universidad de Chinchón podría haberme dado entonces una clase magistral. Una de esas de marxismo etílico-stalinista con surrealistas toques de naif cubano.
Ella se llamaba... ya ni me acuerdo. Pero yo estaba aquel día al borde de la piscina leyendo Los cuentos de la Alhambra de Irving... curiosamente, después de haber vuelto de Washington D.C., ¡ hay qué joderse!. Cuando la vi pasar como con música de Rubén Blades. ¡ Escalofriante!, para ser verano. Su película era Blade Runner, su bebida: El gin tonic... y su libro favorito, pues tenía varios... Estaba en pasado, o ya bebía por ella. ¡ Maldita bendita yerba!. Que me hacía como era a ratos, un trastornado. Y es que aquel tipo tan simpático con su copa de anisete tenía su gracia, y decía una cosas... pues la verdad, muy bien hilvanadas todas y muy ciertas. No te repitas con ella, chato. Me despollaba oírle hablar, parecía Arturo Fernández, y ciertamente olía a señor mayor. Peinado a gomina, after shave Floïd... aquello era demasiado. Se sentó cerca de mí, bikini blanco, piel morena... Entonces me desperté. Eran las siete y media, hora del Pacífico... y de levantarme. Con tanto viajar, y ganar una hora... y perderla después... la vida se me iba sola. ¿ De qué estaba hablando?. Pues de nada, yo sólo era... el borracho que habla. Y un borracho de clase.


En la facultad del sexo



Hoy es ayer, y mañana es todavía. Sentado en el uno de los retretes de la facultad viendo esa mierda escrita a boli rojo sobre la puerta de aquel water pensaba en los enormes melones de La Chelo y un episodio de Star Trek que había visto la noche anterior en video nada más llegar a casa mientras me fumaba un porro en gayumbos. ¡ Uffffffffs!. Tenía gracia el modo en que se interrelacionaban las cosas en el cerebro. Era como imaginar al Capitán Kirk devorando un par de sabrosos pezones garrapiñados mientras Spock soltaba una de sus paridas espaciales de listo la pedrá. ¡ Joder!, estaba enfermo. Me guarde la polla de nuevo en los pantalones camino de la cafetería donde me esperaba la partida de mus y unas cervecitas.
 Al llegar al " Rincón del Arte", la mesa más equinoccial de todo el bar de la facultad... el capullo del Armando sostenía una interesante conversación él sólo mientras todos bostezaban aburrimiento de primera clase de la tarde sobre física cuántica y pechotes, trayectorias de interceptación y variantes de caída que acabó en un " hoy es ayer, y mañana es todavía"... lo que tenía su sarcasmo, porque hacía un rato que yo como él me la había estado pelando en el lavabo de mujeres del claustro de profesores. Porque como explicar a mis colegas, que había aureolas tan enormes que merecían el poner a su alrededor, venerándolas a todas ellas... una gigantesca polla en órbita geoestacionaria; ¡ vamos!, que me estaba tirando a la catedrática. Diosa helena divorciada recientemente del Cálculo vectorial, a la que ponía mirando a Cuenca en plan zorrón con sólo unas gotas de perfume sobre su cuerpo, pero con los tacones y las perlas cultivadas, en plan película de cine negro pero sin cineclub ni aburrimiento. Tres polvos anoche, y todavía tenía que masturbarme. El silencio era oro. Plata, con treinta y una sin pares.


De a poquitos...



De a poquitos se empieza a tocar los cojones. Primero, el Gobierno, prohibió los besos con lengua. ( Más tarde, todos los demás) Después que los muñecos tuvieran boca. Y por último, que los adultos mayores de 45... se miraran a los ojos en público. ¡ Era asqueroso!.


Aquellas leyes absurdas no parecieron irritar a nadie. La ciudadanía estaba anestesiada. Lo acataba todo. Al fin y al cabo, aquellos señores nos habían sacado de la crisis y nos habían traído a la felicidad. Que era un mágico lugar donde había pleno empleo; se trabajaba de lunes a sábado cuatro horas diarias por cuatrocientos euros al mes, y se tenía el domingo libre para ir a misa a rogar al Señor nuestro Dios por una vida mejor, y un mundo más justo.


En éste mundo perfecto, nadie tenía derecho a la tristeza. Para eso estaban las películas de Santiago Segura y se volvieron a reeditar los Grandes Éxitos de Arévalo en formato Blu-ray de estación de servicio. Se " prohibió" la música, ( claro que algunos continuábamos silbando en la ducha, los que no nos la pelábamos) primero a deshoras, y luego gradualmente... e incluso, se proscribieron - bajo pena, de fuertes dolores abdominales- las marchas militares salvo el día de la Fiesta Nacional... y con, salvaguardas. Siempre que fueran ejecutadas en modo chill out. Un día alguien dijo en público: No es todo esto una tontería, y no se le volvió a ver más. Dicen que le ascendieron. Mas nadie más, quiso ser ascendido y entonces empezó el cuchicheo... y el denunciarse unos a otros.


A la Antonia le gustaban las películas de Johnnie Deep. ( El tipo la pone bruta, donde esté) Y de un día para otro ya no se la vio más tender la ropa. Dicen que se fue de pornos a Hollywood con él. A Paco, en cambio, le gustaba leer a Góngora entre estación y estación de metro, deleitarse con ello... ¡ ascenso inmediato!, mañana se creerá que vale más que el que ve - entre sonoros aplausos- el debate del Gran Hermano. ( Empero el bueno... el de la Mila del chocho meón) Y así todo... e incluso, si serán hijos de puta que decían los muy cabrones que un servidor de todos ustedes tenía un jodido blog. No es cierto. Me ascendieron por no poder escribir sin soltar tacos. Ahora tengo un restaurante de comida camboyana en Tampa Bay, Florida. Y ni Dios se ha dado cuenta. ¿ He hablado de la corrupción?.


... lejos del vertedero



Cuando nos necesitan nos llaman emigrantes,
y cuando ya les hemos recogido la cosecha,
somos vagabundos y tenemos que largarnos.
John Steinbeck. ( Las uvas de la ira)



Seguramente hay historias mejores que contar entre cafés para gloria del socialismo, que la de un vertedero y una caja de zapatos vieja que hacía las más de la veces de fuerte donde unos soldados de plástico se protegían de un bombardeo enemigo. Ésta es una historia de pies desnudos y vapores nocivos. Quizás una jácara que nunca fue. De mugre fresca donde nunca se encontró al soldado desconocido hundido, aquel del que cuentan mil " historias" pias... y ninguna verdadera. ¡ A Dios gracias!. Esto tal vez sea un cuento de zapatos roídos que corrían raudos para atravesar una glorieta, y subir después una cuesta. Y observar tras una loma la ciudad incendiada con sus teas infinitesimales donde las águilas sobre sus antenas irradiaban de temblores las avenidas eternas y a los hombres. Pero no a los ojos profundos de aquel niño enfermo que no paraba de toser con su jersey rojo de lana hecho jirones, y que únicamente veía un mar infinito de elásticos de colores con cien mil gaviotas sobre él. Se llamaba Manuel, y tenía siete años que eran como diez entre dos, ( siete soles, partidos) llevándose uno, sólo uno... como la muerte se llevo hacía un mes escaso a su hermano menor: El rubio.
Tenía, el joven Manuel, una lata con cien bolígrafos de los que no escribía ninguno, y mucho papel escrito por las dos caras que no decía nada. Eran los primeros días gélidos de la primavera y sin embargo, el metal ardía; arrancaba el metano... la piel a tiras, más allá de las cuatro. El niño estaba sentado sobre el balón desinflado, pensando... con sus zapatillas recién compradas junto a unas cajas blancas. Encontradas seminuevas ayer por la tarde. Le dieron por ellas... dos puñaladas en el costado, cuando se defendió de darlas a quien quiso robárselas. Otro niño de once años. Mas eso ocurrió más tarde, mucho más tarde. En aquel momento era feliz mirando al cielo. Viendo las nubes hacer formas en él. ¡ Tan pálidas!. Aquella tos le dejaba siempre la garganta seca. Suerte que aun tenía caramelos de los que le dio el cura por enseñarle la herida que se hizo en la cadera y parte de los muslos, semanas antes. No podía dejar de pensar que algún día escaparía lejos de allí. A su dulce tierra ya extraña. Donde no hacía frío ni llovía. Lejos de aquel maldito sacerdote sobón... y lejos del vertedero. Lejos de todas las mentiras del mundo.


Verbal



Ayer un colega de los de dimes y diretes me dijo entre risas al calor de unos mezcales de Oaxaca: Hombre tronco, te repites, más que gazpacho... Aparte de que tienes esa manía tuya... que tienes esa cosa, esa jodida hemorragia verbal, tío. Durante treinta putos segundos seguidos no fui capaz de reaccionar. Me quedé con la mente fría, en blanco... mirándole a los ojos con cara de lenguado menière y la boca abierta de par en par como la de una puñetera muñeca hinchable. ( Pero de las buenas... una de esas con cara de celebrity japonesa) Traté de digerir su argumentario de poeta espeso, mientras me mesaba la barba... y sin más... simplemente le contesté: Vale, y él se me puso melindres... introspectivo conmigo. Y que es eso de soltar tanto coño y joder, y que si blablabla por aquí... y blablabla por allá... ¡ Vamos!, que al final mi cerebro se taponó solo y únicamente escuchaba una especie de sonido marino, ( rompecojones) de " fondo marino"... con langostas reales bailando en plan La sirenita de Disney.
Me lo tome a modo de tarea de resaca. O pedal preventivo... O sea, que me la sudaba. Digo lo que pienso sin más, a tomar por culo todo lo demás. En fin, que soy lo suficientemente respetuoso con las minorías étnicas, ideológicas y biológicas, sentimentales... sementales, etc... ¡ Y qué cojones, chaval!, te digo yo lo has de escribir tú... pues eso. En mitad de un silencio de raciocinio sepulcral saltarle en exclamación a mi amigo con aquel bufido ancestral casi le hizo saltar por los aires. ¡ Estás loco o que!, me respondió. ¿ Loco en qué contexto?, le pregunté yo. Como Bashar Al Assad en Siria haciendo una Syriana... o, loco de verdad de la buena. Y es que francamente, todo aquello me venía a resultar agotador. Es la ventaja de los demasiado inteligentes, es más fácil que pasen por tontos. Lo contrario es mucho más difícil. Muy listo, mi colega... mas no me podía responder a porque las mujeres con las curvas más aerodinámicas son las que más resistencia ofrecen. Por ello, como dijo aquel... quizás era cierto aquello de que la más tonta de las mujeres puede manejar a un hombre perspicaz, pero es necesario que una mujer sea muy hábil para manejar a un imbécil. Todo profundamente, verbal.


Tomando algo



Quedaba espacio para poner algo más en el tuit. Así que les puse: Que os den. Me pareció lo justo. Me acaba de tomar un bocadillo de ibérico con tomate y un café con leche. Me sentía como Dios. Llovía, llovía... daba gusto ver las aceras mojadas y la gente corriendo deprisa bajo los paraguas. En el bar había un personal de lo más selecto para hacer una encuesta sobre política nacional, a saber. Dos taxistas de esos que tienen puesto todo el día a Federico Jimenez Losantos y cuadrilla, discutían entre ellos cuestiones de alta escuela ideológica y dilucidaban sobre el microcosmos hispano. Decidí bautizarles inmediatamente como Cid y Viriato. Y más allá, sentadas en una mesa cual mojones de una carretera secundaria dos señoras mayores con sendos cafés con leche y porras resecas a las que llame: Linda Flor, a la más joven... y, Rosa Linda... a la de mayor edad. La verdad es que me estaba entreteniendo la tontuna. Ya solo faltaba, catalogar a la chica del final de la barra. Morena. Cuarenta y tantos. Cara de no haber roto un plato en su vida con aquellas dos graciosas coletas a los lados. Decidí llamarla Mayor Kusanagi... como la prota de Ghost in the Shell, y en algo desde luego se parecía. Seguro que tenía su propio OVA de anime. De los camareros decidí pasar, aunque eran cual los Epi y Blas de Barrio Sésamo. Incluso, con ese toquecito homosexual.
Faltaban cinco minutos para las cinco de la tarde, hora de lo más taurina... cuando entró un tipo recio y español. Camisa azul bien abierta, pantalón beige y zapatos marrones a juego. Tenía toda la mitología ibérica con él. Cadena de oro con el escudo de la legión sobre barriguita cervecera. Llavero con toro de Osborne, reloj con la correa distinguiéndose los colores de la enseña patria y el ABC bajo el brazo; ¡ vaya!... un socialista de nuevo cuño me dije, tratando de mantener la compostura únicamente en sarcasmo para mis adentros. Saludó a Epi y Blas, a Cid y Viriato... y golpeando la barra mientras me miraba de reojo se pidió un carajillo sentándose a un par de taburetes de la mujer del fondo. Entre tanto Linda flor y Rosa Linda, seguían a lo suyo... a no enterarse de nada. Y entonces el tío va y le suelta a aquel jodido ente cyborg capaz de realizar hazañas sobrehumanas, y quizás... sexo en grupo: En este humilde rincón hasta el más hombre se baja el pantalón... y, lo bueno, si dura, dos veces bueno. Si dura más se estropea... A lo que la prenda le respondió: Existen pruebas que uno de cada cinco individuos tiene alguna deficiencia psíquica, si estás con estos cuatro amigos y no notas nada raro, entonces... ¡ el retrasado eres tú!. La verdad, se había ganado un trago.